
Puede que tus sábanas todavia huelan a mi,
pero sé que a mi todavia me cuesta olvidar tu nombre.
Y sé que me llevará un tiempo aprenderme la lista de defectos que me quedan por quitarte.
Y se me hace tan pequeño todo a mi alrededor cuando te pienso. Que me cuesta respirar y parece que estoy en una caja de cartón con solo un par de agujeros.
Por suerte no lo [te] he visto.
Y tampoco has intentado negarlo.
Ni el escuchar tus palabras me obligó a romperme en padazos ante ti.
Por suerte, no llegué a enamorarme.